lunes, 25 de enero de 2016

Kiss me harder, babe.

Vale, admito que desde pequeña siempre quise un príncipe, alguien que me hiciera sonreír y cuidase de mi, solo eso.
Ahora, a mis 19 años puedo decir que la persona que me acompaña en mis días buenos, y sobretodo en los malos es mejor que un príncipe,puedo decir que es real y maravilloso.
Me cuida como nadie lo hizo nunca, pone caras raras cuando me ve mal para hacerme sonreír, hace tanto por mi, que ni sé explicarlo.
Y dicen que cuando alguien te atrae físicamente es genial pero cuando aparte de física hay una atracción mental es difícil dejar de pensar en la otra persona. Es lo que me pasa con él todo el tiempo en mi mente, pero no en forma de obsesión, es en forma bonita. Pienso en sus besos, en todo el tiempo que le digo que no haga cierto tipo de cosas porque me provoca, en lo que le gusta asustarme para luego venir corriendo a pedirme perdón, en su sonrisa y es el sonido de su risa lo que realmente me apasiona y me atrae la forma en la que me besa y me mira, y muerde mi labio, y parece que mi corazón va a salir de su sitio.
Y en las despedidas nunca le digo adiós, aunque mi corazón se rompe un poquito cada vez que dejo de sentir su cuerpo junto al mío.
Creo que su mirada y la mía están conectadas, sus labios y los míos se atraen como imanes, y su cuerpo y el mío simplemente fueron diseñados para encajar, como si de piezas de un puzzle se tratase.
Y deseo tenerle siempre cerca, mordiendo mi labio, y susurrandome al oido cuanto me ama, deseo abrazarle y no soltarle jamás.
Deseo que jamás deje de mirarme así, y deseo despertar sin ropa a su lado, una y mil veces más.
y yo solo sé que tengo que aguantar  12 días más para poder verle, y abrazarle más fuerte de lo que nunca lo he hecho.

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